Posted on February 10, 2013 by

El estilo es una resultante fisiológica

El estilo no es una cosa voluntaria, esta es la invalidación y la inutilidad —relativas— de todas las reglas. El estilo es una resultante… fisiológica.

El pasado 30 de Noviembre (30.11.12) Días de cine pasó un documental homenaje a Jose Luís Borau. En el minuto 14:08 hablaba del estilo:

El estilo es algo que se deduce de lo que haces, …no algo que utilizas para hacer algo. Eso Azorín lo describió maravillosamente diciendo que ‘El estilo es una consecuencia fisiológica’. Si tú eres de una manera determinada y actúas con sinceridad tendrás estilo automáticamente.

Tras esto, busco del texto de Azorín, encuentro que pertenece a un pequeño libro Riofrío de Ávila, un pueblecito que previsiblemente estaba descatalogado. Afortunadamente todavía tenemos bibliotecas públicas, …todavía.

En el libro Azorín comenta un volumen supuestamente encontrado en la feria de los libros: Sentimientos patrióticos o conversaciones cristianas que un cura de aldea, verdadero amigo del país, inspira a sus feligreses. Se tienen los coloquios al fuego de la chimenea, en las noches de invierno. Los interlocutores son el cura, cirujano, sacristán, procurador y el tío Cacharro, por Jacinto Bejarano Galavis y Nidos.

Este es el fragmento que habla sobre el estilo:

IV Teoría del estilo. Estilo oscuro, pensamiento oscuro.

Todo debe ser sacrificado a la claridad. “Otra cualquiera circunstancia o condición, como la pureza, la medida, la elevación y la delicadeza, debe ceder a la claridad.” ¿No es eso bastante? Pues para los puristas lo siguiente: “Más vale ser censurado de un gramático que no ser entendido.” “Es verdad que toda afectación es vituperable; pero sin temor se puede afectar a ser claro.” La única afectación excusable será la de la claridad. “No basta hacerse entender; es necesario aspirar a no poder dejar de ser entendido.”

Si, lo supremo es el estilo sobrio y claro. Pero ¿cómo escribir sobrio y claro cuando no se piensa de ese modo? El estilo no es una cosa voluntaria, esta es la invalidación y la inutilidad —relativas— de todas las reglas. El estilo es una resultante… fisiológica. “Cuando el estilo es oscuro, hay motivos para creer que el entendimiento no es neto.” Estilo oscuro, pensamiento oscuro. “Se dice claramente lo que se escribe del mismo modo, a no ser que haya razones para hacerse misterioso.” ¡Admirable de exactitud y de penetración! Recomendamos la sencillez y tornamos a recomendarla. ¿Qué es la sencillez en el estilo? He aquí el gran problema. Vamos a dar una fórmula de la sencillez. La sencillez, la dificilísima sencillez, es una cuestión de método. Haced lo siguiente y habréis alcanzado de un golpe el gran estilo: colocad una cosa después de otra. Nada más; eso es todo. ¿No habéis observado que el defecto de un orador o de un escritor consiste en que coloca unas cosas dentro de otras, por medio de paréntesis, de apartados, de incisos y de consideraciones pasajeras e incidentales? Pues bien: lo contrario es colocar la cosas —ideas, sensaciones— unas después de las otras. “Las cosas deben colocarse —dice Bejarano— según el orden en que se piensan, y darles la debida extensión.” Mas la dificultad está… en pensar bien. El estilo no es voluntario. El estilo es una resultante fisiológica.

A pesar de referirse al estilo literario, no hace falta mucho esfuerzo para trasladar esta reflexión, que comparto, a cualquier campo de creación. En el mío, a menudo el estilo se equipara a la apariencia. Ambos constituyen el aspecto visual que toma lo que diseñamos, si bien el estilo habita una categoría superior. El estilo precisa intención y honestidad, no se fabrica —se construye—, no se intercambia —evoluciona—. El estilo es consecuencia, no es herramienta. No me interesa el estilo que no surge de una necesidad de claridad, sino el que se concreta a través de la destilación de mensajes y su orden.