Posted on May 20, 2013 by

Cartas de amor

Esta tarde ha venido a buscarme el recuerdo de aquella deliciosa obra de Carlos Pazos. Nos la encontramos en una exposición en el MNCARS de la que apenas guardo nada más; pero esa pieza se me quedó en la memoria para siempre: una maquina de escribir con los tipos reemplazados por navajas y a la que su naturaleza impide hacer otra cosa que no sea herir de muerte el papel que la alimenta. La llamó Máquina de escribir boleros, y claro, al leer el título nos meamos de la risa.

Nunca escribí boleros, pero sí muchas cartas, de amor y de las otras. Cartas que me ayudaban a pensar, a enfocar, a digerir la vida en privado.

Ya no.

Ahora la realidad también habita un teléfono que me impulsa a escribir misivas cortitas, a sustituir meditación por inmediatez, expresión por contexto, privacidad por publicidad. A menudo cartas de un solo símbolo, un corazón ❤ arquetípico y prefabricado, facilón y sin riesgo. Servil.

Mi teléfono no es una máquina de escribir cartas de amor.